jueves, 20 de noviembre de 2008

Diabetes: letal, silenciosa y derrotable

Comienza a edades cada vez más tempranas
Aproximadamente 90% de los pacientes diabéticos mueren por eventos cardiovasculares. Incluso antes del diagnóstico, cuando hay baja tolerancia a la glucosa, el incremento de la mortalidad por enfermedades del corazón es superior a 70%

A sus cortos y rozagantes 15 años de edad, Ignacio recibió una noticia con incredulidad y un vuelco en el estómago.
Hasta ese momento, su preferencia por la comida rápida, su desdén por los deportes y su afición a los juegos electrónicos no le habían traído más consecuencias que las chanzas de sus amigos, que lo consideraban un gordito simpático y algo nerd. Pero ahora, y por un simple examen de rutina, el médico le informó que sufría de prediabetes y lo remitió a un especialista. Sin embargo, y paradójicamente, Ignacio corrió con suerte. Su diagnóstico temprano y su disciplina para cambiar hábitos de vida y cumplir el tratamiento, le auguran una prolongada existencia. Pero no siempre es así.
Para el diabetólogo Nissim Gabay son los cambios de estilo de vida, y no la medicación, la clave para la prevención de la diabetes tipo 2. "Si los médicos no logran convencer a los pacientes de que realicen ejercicio, habrá problemas. Lamentablemente suele ser así, los pacientes prefieren la medicación, a pesar de que ésta es un complemento".
Aunque afecta a todo el organismo, la enfermedad cardiovascular forma parte de la historia natural de la diabetes y es su principal complicación.
Según explica el diabetólogo Armando Pérez Monteverde, "90% de los diabéticos tipo 2 mueren del corazón. El azúcar produce daño en las capas internas de las arterias, lo que desencadena infartos, accidentes cerebrovasculares, falta de irrigación en miembros, daño e insuficiencia renal –que puede ameritar un transplante o la necesidad de diálisis perenne– y daño en la retina, que puede llevar a la ceguera". Afortunadamente, todas estas complicaciones pueden evitarse.
En riesgo. La diabetes es una enfermedad crónica, debilitadora y con frecuencia mortal.
La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune que no se puede prevenir. Es la forma de diabetes infantil más común en todo el mundo y afecta alrededor de 500.000 niños menores de 15 años. Sin embargo, como resultado del aumento de la obesidad y la vida sedentaria, la diabetes tipo 2 está en rápido ascenso en niños y adolescentes y representa el 90% del total de los diagnósticos.
En Japón, por ejemplo, es actualmente la forma más común de enfermedad en niños.
La diabetes tipo 2 infantil se está convirtiendo en una cuestión de salud pública mundial se registra tanto en países industrializados como en vías de desarrollo.
Las cifras hablan por sí mismas: de 30 millones afectados en 1985, 250 millones de personas la padecen en 2008 y se espera que asciendan a 350 millones en los próximos 20 años.
"La única forma de explicar una espiral ascendente tan rápida y numerosa es el medio ambiente y la susceptibilidad individual en aumento. Al hablar de medio ambiente hablamos de estilos de vida que incluyen poca actividad física y dietas hipercalóricas", afirma Gabay.
Cada semana, según el reciente Informe sobre el Estado de la Población Mundial de la ONU, el número de personas que vive en las ciudades crece a un ritmo aproximado de 1 millón. En los países en vías de desarrollo, las áreas urbanas ya se enfrentan a graves desafíos: la diabetes tipo 2 de origen obeso está lista para convertirse en una enorme carga adicional.
Ojos que no ven, corazón que se resiente. La mitad de los pacientes diabéticos no saben que padecen la enfermedad. Frecuentemente, se diagnostica 10 años después de su aparición, cuando ya hay daños cardiovasculares, renales y oftalmológicos.
Toda persona debería realizarse anualmente una glicemia en ayunas, examen que cobra mayor importancia en pacientes con riesgo elevado, es decir, aquellos de más de 40 años de edad; con sobrepeso; síndrome metabólico; mujeres que han sufrido diabetes gestacional y recién nacidos con un peso de más de 4 kilos.
Si presenta una glicemia discretamente elevada (entre 100 y 126), es necesario realizar una prueba de sobrecarga, en la que el paciente ingiere una toma de glucosa y repite el análisis dos horas después; resultados de 140 o más indican prediabetes o intolerancia a la glucosa. Es entonces cuando se precisa acudir al diabetólogo. "Los medicamentos orales se usan en mezcla antes de iniciar el tratamiento con insulina, que es el más efectivo, indica Pérez Monteverde. Lo más importante es indicar la terapia a tiempo y realizar una prueba de hemoglobina glicosilada tres veces al año, cuyos valores no deben subir de 7%, pues los daños en la retina empiezan a partir de esa cifra".
Gabay agrega que el examen oftalmológico del diabético debe incluir siempre una dilatación completa de pupila; y el control del paciente debe realizarse al menos tres veces al año por un equipo médico que incluya, además del diabetólogo, al nutricionista, cardiólogo, oftalmólogo y podólogo.
Para Gabay, además de los cambios de estilo de vida, en los prediabéticos debe agregarse medicación tipo biguanidas y glitazonas (ambas disponibles en Venezuela). Con estas intervenciones se logra prevenir hasta 82% la aparición de diabetes tipo 2.
"Las personas que tienen familiares directos diabéticos, obesidad o hipertensión, deben descartar la hiperglicemia tempranamente".
La diabetes es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia. Por ello, hijos y nietos de diabéticos deben controlar periódicamente sus niveles de glicemia