lunes, 14 de julio de 2008

Francisco de Miranda: Este Quijote, que no está loco, tiene fuego sagrado en el alma..."

(Cuadro: Llegada de Miranda a La Guaira en 1810)
¿Quién es este ilustre venezolano del que dijo Napoleón: ". .. Este Quijote, que no está loco, tiene fuego sagrado en el alma..." Y al que el mismo Bolívar calificó como: "... el más ilustre colombiano..."¡Quién es este personaje cuyo nombre está grabado en el Arco del Triunfo; su retrato colocado en la Galería de los Personajes en el Palacio de Versalles y su estatua erigida frente a la del General Kellerman en el propio campo de Valmy, en Francia? ¿ Quién es en definitiva este hombre, que a lo largo de su vida estableció estrechas relaciones con personajes de la talla de Bolívar, Napoleón, Andrés Bello, William Pitt, O' Higgins, Sucre, Catalina de Rusia, Wellington, Dantón y San Martín, entre otros?
Francisco de Miranda nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. Hijo del canario Sebastián de Miranda Ravelo y de la caraqueña Francisca Antonia Rodríguez de Espinoza.
Fue un caballero andante acometiendo en sedes de gobiernos y palacios de ultramar la ilusión de organizar la expedición militar, que le permitiera zarpar desde algún puerto remoto en busca de la libertad, la independencia y la unidad del continente colombiano.
35 años después, con el “Leander” como rocinante, este quijote del nuevo mundo desembarca en la península de Coro disparando sus cañones y mosquetes contra la opresión de 300 años de colonialismo español. Ante el ataque sorpresivo, los 600 realistas que defendían la plaza de La Vela se dan a la fuga, pero tras ellos también huyen los habitantes de “Tierra Firme”.
Entre la pólvora y el humo, Miranda y sus soldados de la libertad recibieron el abrazo indiferente de la soledad. La misma escena se repite cuando toma a Coro. Dicen los historiadores que de nada sirvieron sus vehementes llamamientos, ni los manifiestos pegados en las paredes, ni el tremolar de las banderas tricolores bajo los vientos de agosto. Los criollos le volvieron la espalda. Entonces no tuvo otro remedio que hacerse de nuevo a la mar con amargura en el corazón.
Así fue la vida de Miranda, de Francisco Miranda, el caraqueño universal. Gloria y frustración, victorias y derrotas, bullicio de las cortes europeas y la melancolía de la soledad de Coro, El laurel de la victoria en Amberes y la amenaza de la guillotina en París, generalísimo de los ejércitos y prisionero moribundo en La Carraca, sueño de independencia y la contrariedad de las almendras amargas, como en la novela de García Márquez, pero en su pecho el fulgurante título de primer precursor de la libertad y soñador de Patria Grande.
A fines de 1813 fue conducido a España, donde es encerrado en un calabozo del arsenal de La Carraca, cerca de Cádiz.
Aislado totalmente del mundo exterior, Miranda sufre un ataque de apoplejía, que lo paraliza y termina por causarle la muerte en la madrugada del 14 de julio de 1816. Sus restos fueron sepultados en una fosa común.
Francisco de Miranda quedó para la eternidad como uno de los precursores más sobresalientes del concepto de América como unidad, vale decir, como motor de una unidad de lucha, como elemento nítido de una estrategia planetaria.
Es el primero que logra la perspectiva justa, la visión exacta y propone un nombre cabal, Colombia, el continente Colombiano. La razón de su vida: "La Independencia y Libertad del Continente Colombiano".