domingo, 6 de julio de 2008

Cuidado con la Burundanga

La burundanga es tan potente que muchos la consideran como un mito urbano

Mientras la multitud entraba al Metro, en la estación de La Hoyada, una chica recibió un pinchazo en la espalda.
Una adolescente de 16 años recibió la dosis de la misma forma cuando se encontraba en una fiesta.
La tercera víctima, se tragó la droga cuando consumía licor en una tasca.
Minutos después todos perdieron la conciencia. Lo que hicieron durante las dos horas siguientes, tiempo aproximado que dura el efecto de la droga, no pueden recordarlo, solo que los robaron.


Es la droga la que hace que los ciudadanos entreguen mansamente todo lo que tienen a los delincuentes; muchos dudan de su existencia y aseguran que no es más que otro mito urbano.
Pero la burundanga existe y se puede hacer su retrato hablado: un polvo blanco filocristalino, sin sabor y sin olor que mezcla escopolamina con somníferos o tranquilizantes. Es muy parecida al azúcar, sólo que con una potencia asesina: se considera dosis letal cualquier cosa que pase los 0,1 gramos. Y, al igual que el azúcar, es fácil de disolver en cualquier líquido.
La doctora Ligia Peña Gil, coordinadora del área de desintoxicación del hospital de Coche, explica que la escopolamina penetra la barrera hematoencefálica en tiempo récord (entre 1 y 3 minutos) y entra al centro de coordinación, orientación y conciencia, haciendo que la víctima pierda su capacidad de discernimiento y abdique de sus reacciones más naturales. Los instintos de conservación y protección, así como la iniciativa, desaparecen, y lo que queda es una especie de autómata que responde a conductas guiadas.
Y así de rápido como traspone la barrera hematoencefálica para instalarse en el mismo corazón del cerebro, así desaparece del organismo, y entre cuatro y seis horas en el cuerpo no queda ni rastro. Sólo algunos síntomas físicos como sudoración, sequedad en las mucosas o hipertensión y ciertamente muchos trastornos psicológicos.
Esa rapidez con que abandona el organismo es lo que la convierte en una droga fantasma y que ha hecho que muchos duden de su existencia. Eso y el hecho de que en Venezuela no se hayan practicado decomisos de esta sustancia (muy dif´ícil de conseguir, pues sólo puede ser producida en laboratorios muy especializados).
La burundanga llegó de Colombia a finales de los noventa, y que el término se refiere a cualquier hipnógeo que mezcle somníferos y tranquilizantes con hioscina (o escopolamina).
Decenas de víctimas también pueden certificar su existencia, aunque en la gran mayoría de los casos no hay denuncias, pues de alguna manera la burundanga provoca que la gente se deje robar "a voluntad".
Una de estas víctimas dice que hace dos años en el Centro Comercial San Ignacio. Estaba en una discoteca con amigos y lo que recuerda es que estaba con unas conocidas como a las dos de la mañana. Cuando volvió en sí, estaba sudando en su carro, y lo despertaron unos vigilantes del centro comercial. Le habían quitado todas sus pertenencias y tenía como flashes en donde se veía a sí mismo sacando dinero de un cajero y entregándoselo a dos hombres. Lo atendieron en la clínica Metropolitana y allí fue que se enteró de que le habían puesto burundanga en su trago, "algo común los fines de semana", según le dijo un médico.
Hay otros más extraños, como el de Rafael, quien sufrió una rara experiencia hace dos años (tenía entonces 17) que, según los médicos del Domingo Luciani, fue producto de la burundanga. Eran las dos de la tarde y Rafael esperaba a una amiga en la plaza del Unicentro El Marqués. De pronto le vino una somnolencia tremenda y cayó al piso aunque sin dormirse. Una persona con gorra se acercó y le agarró el koala y él no se acuerda de más nada. Se despertó doce horas después,. Sus tarjetas habían sido usadas, pero él no tiene ni idea de cómo la supuesta burundanga penetró en su cuerpo. También a él le dijeron en el hospital que casos como el suyo eran frecuentes.
Ellos tuvieron suerte. En teoría la escopolamina (ingrediente principal de la burundanga) puede dejar demente a una persona, si bien no hay casos reportados en el país.