sábado, 20 de septiembre de 2008

Oscar Miranda: La historia del desastre que acabó con toda una manera de hacer negocios en los EE.UU.

"Somos invencibles". La frase se la suelta el joven corredor de bolsa Buddy Fox, protagonista del filme Wall Street (1987), a un abogado al que quiere convencer de meterse en un negocio sucio, pero sirve no solo para ilustrar la arrogancia con la que el ciudadano común suele asociar al hombre de finanzas de Manhattan sino que, por estos días, resulta irresistiblemente irónica. "Invencibles".
Los yuppies también lloran.
¿Qué ha pasado en Wall Street y en los EE.UU. que se ha traído abajo a cientos de corporaciones y ha acabado con la vanidad de los Buddy Fox del siglo XXI? Todo parece haber empezado cuando en 2001, luego de los atentados del 11 de setiembre, la Reserva Federal (FED) redujo su tasa de interés (de 6.5% a 1%) con el fin de facilitar los créditos, poner dinero en la calle y reactivar la economía norteamericana.
TODO SE COMPRA. Probablemente, el sector que más creció con esta medida fue el inmobiliario. Los bancos te daban plata a manos llenas para que compraras tu casa. Como era previsible, ante la demanda, el precio de las viviendas empezó a subir, lo que llevó a muchos a la especulación: uno se endeudaba para comprar una casa, esperaba que subiera el precio, la vendía, con ese dinero pagaba la deuda y se endeudaba de nuevo para comprar otra y así... El fenómeno es conocido como 'burbuja inmobiliaria' e hizo ricos a muchos.
Una de las formas de crédito que se dio en esta época fueron las hipotecas subprime, que consistían en prestarle dinero a una persona con un mal historial crediticio. Resultaba rentable para las financieras porque, luego de unos primeros años de intereses bajos, estos subían y eran muy altos. No había preocupaciones. Se creía que los precios de las viviendas seguirían creciendo.
Sin embargo, como suele ocurrir, la fiesta duró poco. A partir de 2004, la FED empezó a subir la tasa de interés como una medida para frenar la inflación. Obtener créditos ya no fue tan fácil, la demanda de viviendas cayó y, con ella, los precios y, entonces, ¡plin!, la burbuja se desvaneció. Sufrieron los especuladores, quienes ni siquiera poniendo como garantía sus propiedades podían honrar sus deudas. Sufrieron, por supuesto, los deudores de las subprime. Y pronto sufrieron todos.
Entre 2005 y 2006, la explosión de la burbuja se fue tumbando no solo a las financieras –que no podían cobrar sus créditos hipotecarios y a las que les era cada vez más difícil obtener sus propios préstamos– sino, también, a las inmobiliarias y a las empresas constructoras. El 2006 terminó con medio centenar de financieras en bancarrota y con un millón 200 mil embargos.
Y EN MANHATTAN... La crisis de las hipotecas penetró en Wall Street de diversas maneras. Una de ellas, claro, fue que las compañías quebradas no podían pagar sus deudas con los grandes bancos. Pero el contagio se dio, sobre todo, a través de bonos de alto riesgo.
¿Qué es un bono? Es el título de una deuda que emite una empresa a cambio de dinero en efectivo. La empresa se compromete a que, al cabo de un tiempo, devolverá a los inversionistas su capital más los intereses.
En los años previos, a los genios de Wall Street se les había ocurrido que las financieras podían emitir bonos que estuvieran respaldados por las hipotecas subprime, y que resultaban muy suculentos por sus altos intereses. Pero, como ya vimos, la gente dejó de pagar. Y el valor de los bonos se desplomó.
Solo en el último trimestre de 2007, Citigroup, el mayor banco comercial de los EE.UU., había perdido US$9,800 millones a causa de títulos comprometidos con las hipotecas subprime. En abril de este año, Bear Stearns, el quinto banco de inversión de Norteamérica, tuvo que admitir que debía US$48,000 millones, dinero que estaba en bonos subprime. Un mes después lo compró el JP Morgan antes de que se declarara en bancarrota.
HECATOMBE. Dicen que si China se resfría, el resto del mundo estornudará. La imagen es más actual que nunca en las finanzas globales. El virus de las subprime enfermó a cientos de bancos en todo el planeta, sobre todo a los europeos que, tras complicadas operaciones financieras, también tenían plata amarrada a los bonos enfermos.
Pero, sin duda, los más golpeados fueron los emblemáticos bancos de inversión de Wall Street, como Lehman Brothers, que se declaró en bancarrota el lunes, y Merril Lynch, que fue comprado por el Bank of America antes de que hiciera lo mismo. Semanas antes, los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac tuvieron que ser 'salvados' por el Gobierno debido a que su caída iba a afectar al 50% del mercado de viviendas de los EE.UU. Mucho se escribe hoy día sobre lo que ocurrirá con el negocio inmobiliario en el futuro, y mucho también sobre el rumbo que seguirán los bancos de inversión, que apostaron a unos créditos poco confiables y perdieron e hicieron perder a otros. "Somos invencibles", dijo Buddy Fox hace 21 años. Si existiera en la vida real, tendría que tragarse sus palabras.