miércoles, 3 de septiembre de 2008

Hace 32 años se apagó la voz plural más conmovedora de la UCV



Al Orfeón Universitario: “Tributo eterno a quienes nos dejaron su canto
Fue una tragedia que enlutó el alma nacional y todavía está de luto porque no se olvidan nunca tragedias como estas”




Cerca de 50 estudiantes que formaban parte del Orfeón murieron mientras viajaban a Barcelona, España, para participar en un festival.
En un accidente aéreo sucedido en la Isla Terceira del Archipiélago de las Azores mueren los integrantes del Orfeón Universitario de la magnifica Universidad Central de Venezuela (UCV ) quienes viajaban a Barcelona, España, a participar en un evento coral internacional. La tragedia causó honda tristeza nacional ya que la voz plural más conmovedora de nuestra Alma Mater se quedo muda, pero fue por muy poco tiempo porque renacería de la propia inmortalidad del alma universitaria porque el Orfeón ucevista es inmortal. Se estrella el avión que transportaba al Orfeón Universitario y Venezuela llora sin consuelo la pérdida de sus jóvenes integrantes
El 3 de septiembre de 1976, tal día como hoy, el avión Lockheed C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Venezolana, que transportaba al Orfeón Universitario en una gira por Europa, se estrelló en el aeropuerto de Lajes, en la isla Madeira (Azores, Portugal). No hubo sobrevivientes. Perdieron la vida su director José Vinicio Adames Piñero y todos los vocalistas.
Al conocer la noticia, Venezuela decretó duelo nacional y todo el pueblo lloró la desaparición de quienes eran un orgullo nacional y una expresión de la Universidad y la Cultura.
Hechos curiosos: El padre Dolores interrumpió la lectura. Un ensordecedor estruendo, como el ruido del fin del mundo, le llegó desde el exterior. Por un momento dudó si era el efecto de la descripción del Dante de los suplicios infernales o algo que, efectivamente, estaba ocurriendo afuera. Se asomó de nuevo por la ventana, pero no pudo ver nada. Entonces decidió salir. Se vistió apresuradamente, se echó encima la chamarra contra el mal tiempo, tomó una linterna y buscó las llaves del Volkswagen.
Le parecía que el ruido provenía del cercano aeródromo de la OTAN, en Lages, que operaba desde 1945 en virtud de un tratado entre Estados Unidos y Portugal. Hacia allá se dirigió. La carretera bordeaba la pista. El padre Francisco manejaba lentamente, pegando la cara al parabrisas, tratando de ver más allá del haz de luz de los faros, del limpiaparabrisas, de la cortina de lluvia y viento. Finalmente, como a un kilómetro de la pista, vio algo más allá de un sembradío de maíz: era grande, más que una piedra (él las conocía todas), y parecía el lomo de un dinosaurio. Detuvo el carro a un lado de la vía y se bajó, linterna en mano. Protegiéndose de la intemperie, se dirigió hacia el bulto oscuro. Cuando estuvo cerca se dio cuenta de lo que era: la cola de un avión. Temblando de miedo y de frío se aproximó más aún. Proyectó la luz de la linterna hacia adentro.
Lo que vio lo llenó de espanto: un hombre de ojos claros y una mujer rubia yacían allí, muertos. Algo brillaba en las manos del hombre. El Padre Francisco se fijó mejor: era un diapasón.
El horror apenas había comenzado. Francisco vagó en círculos concéntricos. El suelo estaba tapizado de papeles mojados. Tomó uno. Era una partitura cuya letra empezaba con estas palabras: "Gloria al Bravo Pueblo...".
Expedientes secretos:
A 32 años de la tragedia del Orfeón Universitario, aún no se conocen las verdaderas causas, a pesar de que hubo una comisión que se trasladó al lugar del accidente para las averiguaciones pertinentes.
"La FAV hizo un increíble esfuerzo por clarificar el accidente, pero finalmente el gobierno prefirió la confidencialidad. Si hubo informe, no se divulgó", explica Romelia de Adames.
A pesar del tiempo, la herida no cicatriza.
Muchas preguntas impiden el olvido y perturban aún el sueño de familiares y amigos:
Estas preguntas quedan sin respuesta.
¿Por qué, en plena "Venezuela Saudita" se le negó 300 mil bolívares al Orfeón para volar en una línea comercial, que además era del Estado?, ¿Por qué no se devolvieron cuando aún estaban a tiempo?, ¿Por qué el militar estadounidense encargado de la Torre de Control de Lages no estaba en su puesto sino jugando billar?, ¿Por qué transfirieron a Alaska a los marines que estaban esa noche en Lages?, ¿Por qué no funcionó el radar?, ¿Por qué los orfeonistas insistieron tanto en viajar?, ¿Por qué, por qué, por qué?...
Sin embargo, no todo es dolor. Hoy tenemos un nuevo Orfeón Universitario, dirigido por Raúl Delgado Estévez, que fue declarado Patrimonio Artístico de la Nación en 1983, y que ya se ha presentado dos veces en Terceira. La tragedia motivó el interés por Venezuela de los habitantes de Angra do Heroísmo, ciudad que fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco, hasta el punto de que se está gestionando la creación de un Centro de Información sobre nuestro país en la muy culta y noble ciudad.
El padre Francisco Dolores estuvo en Caracas y devolvió al Orfeón Universitario el diapasón de Vinicio Adames, después de guardarlo durante veinte años.
En el lugar del accidente, los pobladores erigieron un santuario con las mismas piedras volcánicas. Y en él nunca faltan flores frescas.