martes, 23 de septiembre de 2008

Hace 194 años, en 1814, nació Fermín Toro

Uno de nuestros más poderosos talentos políticos y jurídicos y personaje que desconoce casi completamente nuestra juventud y gran parte del país. Su fuerza, basada en la severa interpretación del poder Moral que quiso legarnos como una enseñanza para el diario trajín y que es uno de los principios constitucionales de Bolívar.
Político, diplomático, literato y educador venezolano. Sus primeros conocimientos escolares los recibió del presbítero Benito Chacín. A los 10 años de edad, se traslada con su familia a Caracas a causa de la lucha emancipadora e inicia su formación autodidacta en la residencia de su pariente, el marqués del Toro. A los 22 años entró a trabajar como funcionario del Departamento de Hacienda, regresando a Caracas en 1831. Un año después se incorporó como diputado al Congreso Nacional, pronunciando un discurso en memoria del Libertador, en el que planteaba el traslado de sus restos al país. Sus primeros escritos aparecieron en 1837 en el periódico El Liberal, El Correo de Caracas. En términos generales, los temas de sus escritos fueron literarios, políticos y didácticos.
En 1839 fue nombrado secretario de Alejo Fortique en la misión diplomática que el gobierno le confió a éste en la corte inglesa.
Presidió la comisión encargada de preparar en Caracas las honras fúnebres al
Libertador, con motivo del traslado de sus restos desde Colombia, convirtiéndose además en el cronista que narró el acontecimiento al escribir la Descripción de los honores fúnebres consagrados a los restos del Libertador Simón Bolívar.
En 1844 fue a Nueva Granada como Ministro Plenipotenciario, con la finalidad de negociar un acuerdo sobre sus problemas limítrofes. El I de abril de 1846 Fermín fue ratificado como Ministro Plenipotenciario para efectuar en Madrid canje de ratificaciones relacionadas con el acuerdo de paz del 30 de marzo de 1845 entre España y Venezuela. Posteriormente, Fermín Toro viajó a España y llevó a cabo su cometido el 22 de junio de 1846, después de haber sido recibido el día 19 por la reina Isabel II. En abril de 1847 regresó al país, siendo nombrado de inmediato ministro de Hacienda por el presidente José Tadeo Monagas. Al año siguiente se incorporó a las Cámaras Legislativas como diputado por Caracas, pero ante el asalto al Congreso del 24 de enero de 1848, renuncia a su cargo.
En tal sentido, son célebres sus palabras dirigidas a quienes le solicitaron de parte del presidente Monagas (autor del asalto) volver al Congreso: «... Díganle ustedes al general Monagas que mi cadáver lo llevaran, pero que Fermín Toro no se prostituye...» A partir de este momento se retiró de toda actividad política, residenciándose en los Valles de Aragua, donde se dedicó a labores agrícolas y ganaderas, así como a profundizar sus conocimientos de botánica.
Años más tarde, participó en la Revolución de Marzo de 1858 encabezada por Julián Castro que derrocó a José Tadeo Monagas. Durante el gobierno de Castro Fermín Toro fue ministro de Hacienda y luego de Relaciones Exteriores. En este último cargo le tocó resolver el conflicto diplomático surgido en torno al cumplimiento del Protocolo Urrutia, el cual se comprometía a garantizar la integridad de las legaciones de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Brasil, los Países Bajos y España.
A mediados de 1858 fue miembro de la convención Nacional de Valencia, la cual presidió y donde pronunció uno de sus más conocidos discursos sobre la forma de gobierno centro-federalista. Mientras se desarrollaba la Guerra Federal en 1860, fue enviado en misión diplomática a España, Francia e Inglaterra, con la finalidad de explicar la muerte y confiscación de bienes ciudadanos de estos países como consecuencia del conflicto bélico que estaba viviendo en territorio venezolano.
En 1862, regresó y se retiró de manera definitiva de la escena política.
Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 23 de abril de 1876.