martes, 12 de agosto de 2008

Hace 62 años falleció en Caracas Francisco Pimentel (Job PIM)

Nace en Caracas el 01.09.1889 Muere en Caracas el 12.08.1942
Junto a Leoncio Martínez (Leo) y Aquiles Nazoa, representa a uno de los más importantes poetas y humoristas del siglo XX venezolano.
Fue hermano de la también escritora y trabajadora social Cecilia Pimentel Agostini, quien, a la muerte de su hermano, se encargó de recopilar toda su producción literaria para acabar dándola a la imprenta, en 1959, bajo el título de Obras Completas.
Francisco Pimentel fue conocido en Venezuela, su patria natal, por el pseudónimo de "Job Pim" y también por el de "El Jobo".
Creció en un ambiente familiar que estimuló su afición por la literatura. En este sentido, tanto su abuelo como su madre habían incursionado en el periodismo. Inició la escuela primaria en el colegio de Teresa Pérez Bonalde y cursó bachillerato en el colegio Santa María (ubicado entre las esquinas de Velásquez y Santa Rosalía de Caracas ubicación). Entre 1909 y 1912, realizó estudios de derecho que no llegó a culminar, ya que durante este lapso comprobó que su verdadera pasión y vocación era la literatura.
Su carrera periodística comenzó en El Nuevo Diario,en 1913, con una sección titulada «Pitorreos». Luego de estos inicios pasó a ser colaborador en los diarios El Universal y El Heraldo,además de escribir en las revistas El Cojo Ilustrado y Élite. En 1923 participa junto a Leoncio Martínez (Leo) en el semanario Fantoches, con quien había fundado en 1917, otra revista denominada Pitorreos, que poco después, se convirtió en diario. A partir de las páginas de este órgano de prensa, se proyectó Job Pim como un vehemente opositor al régimen de Juan Vicente Gómez, lo cual le costó su salida de Pitorreos el 17 de enero de 1919, y el comienzo de un largo peregrinaje de 9 años por las distintas cárceles del país.

LA MUSA POPULAR DESPIDE A FRANCISCO PIMENTEL
Te llevas la gracia mía
cajón de mi mala suerte
y al recibirlo, la muerte
se alegra con tu alegria.
Piragua de los espantos,
canoa de la desgracia,
del mundo a los camposantos
y la gracia de los Santos
y la del Ave María;
e inconforme todavía
de la gracia que te alegra,
caja negra, caja negra,
te llevas la gracia mía.
Nunca llevó mejor carga,
ni patrón de más donaire,
ni mejor vela en el aire
Andrés Eloy Blanco
En mayo de 1918 Pimentel funda su propia revista que tituló Pitorreos, la cual se transformó, en agosto del mismo año, en diario, teniendo como colaborador al humorista "Leo" (Leoncio Martínez), y otros escritores jóvenes. Pitorreos gozó de una popularidad extraordinaria, pero en enero de 1919, por orden de Juan Vicente Gómez fue suspendido, destrozados sus archivos, y él y Leo reducidos a prisión en La Rotunda de Caracas. Desde cuatro días antes, se hallaba encarcelado en dicha prisión su hermano Luis Rafael, y a ella ingresaría poco después otro hermano, Tancredo.
Empieza así el primero de los tres encarcelamientos que hubo de sufrir Job Pim, -cada uno de ellos duró un promedio de tres años. Su primera prisión, que duró desde enero de 1919 a diciembre de 1921, fue la más terrible. Durante todo ese lapso estuvo totalmente incomunicado, sin ver la luz del sol, privado del baño; oyendo la agonía de muchos de sus compañeros a quienes sacaban muertos. El Jobo soportó grillos de setenta libras acostado en el suelo sin siquiera una mala colchoneta.
Cuando fue asesinado don Juancho Gómez, hermano del Presidente Juan Vicente, en junio de 1923, fue llevado de nuevo a La Rotunda. Salió a los tres años, y al salir interrogó al Alcalde que estaba de turno, por qué lo habían hecho preso, para decirlo en su casa.
Su última prisión fue en el año de 1928, después de la protesta de los estudiantes. Pasó varios meses oculto, pero luego decidió entregarse. Durante esta última prisión, a causa de habérsele presentado un dolor de estómago agudo y constante -principio de la enfermedad que le causaría su muerte- se logró que lo pasaran al Hospital Militar, donde estaban otros presos entre ellos don Casimiro Vegas, padre de María Luisa, la que fue después su esposa.
En su última prisión escribió unas coplas al coronel Jorge García; aún allí florecía su ingenio y triunfaba su espíritu. Con las siguientes coplas correspondió el Jobo a una inesperada gracia que concedióle el Alcaide de La Rotunda, permitiéndole que aprovechara los servicios de un dentista, que había ido a terminar un trabajo a Lucas Manzano, para que se mandara a hacer una plancha dental:
Señor alcaide y guardián:
siempre fue la gratitud
la más excelsa virtud
que los mortales tendrán:
Darle gracias, pues, me toca
y las doy con efusión;
pues si el favor fue en la boca
me llegó hasta el corazón.
Otro tiempo en este "hotel"
me dejé la dentadura,
y no me dejé la piel
porque la tengo muy dura.
Y aunque el compensar no abunda,
usted resarce; es sencillo:
lo que perdí en La Rotunda
lo encuentro en el Manzanillo.
Mas yo vengo tan errado
hace diez años y pico
que quizás me perjudico
con los dientes que he logrado:
pues dirán, lógicamente:
"Si el Jobo antaño mordía
teniendo monda la encía
¡cómo morderá al presente!"
Pero la intención fue buena
y tenga certeza plena,
mi custodio y coronel:
cada vez que dé un mordisco,
lo recordará Francisco Pimentel.
Job Pim imprimió siempre a sus escritos un ferviente amor a la libertad, combatiendo sin tregua en su estilo, al parecer festivo, la tiranía de Gómez. Irreductible en su dignidad de patriota y de hombre, soportó una vida de pobreza y de privaciones, sin claudicar jamás, y sin miras políticas de ninguna clase.
Fue grande su compenetración con el medio ambiente venezolano, y más que nada con el medio ambiente caraqueño. Llego a ser un maestro consumado en saber echar mano de cualquier tema y regalárnos Todo lo criollizaba a su gusto. Llegaba al máximo su habilidad al tratar su propia y quebrantada salud. Solo un humorista como "Pim" pudo escribir un soneto tan maravilloso como el que tituló Desahuciado:
Me han visto nueve médicos. Los nueve,
de nuestra Facultad ornato y gala.
Los nueve encuentran mi salud tan mala,
que me debo morir en plazo breve.
Congestión en el hígado, y no leve;
bronquitis, de la tisis antesala;
un riñón de su puesto se resbala
y el colon no funciona como debe.
Yo morir no me siento... Pero ¿cómo
nueve sabios así de tomo y lomo
se van a equivocar sobre mi suerte?
¿Que me debo morir? ¡Venga la muerte!
¡Todo antes que dejar en la berlina
a media Facultad de Medicina!
Regresó a Venezuela en 1940, y a pesar de sus quebrantos de salud, reanudó sus tareas periodísticas para El Heraldo, El Universal y El Morrocoy Azul. Fue sometido a una intervención quirúrgica, como último recurso para sus males. Apenas sobrevivió a la operación 36 horas. Y todavía en ese estado conservó su espíritu humorístico. Al regresar de la mesa de operaciones, como fuera a verlo el poeta Blanco, le dijo:
-Andrés Eloy, ¿sabes que por fin abrieron el segundo frente?
Está delirando, pensó Andrés.
Pero el Jobo continuó, mostrándole al amigo la herida que le dejará la operación:
-Sí, viejo, se lo abrieron al más zoquete. Me lo abrieron a mí...
Dos grandes poetas lo despidieron en su tumba: Miguel Otero Silva con su soneto Y Andrés Eloy Blanco con su glosa: La Musa Popular despide a Job Pim
En el año de 1950 el Ministerio de Educación Nacional decidió dar su nombre a una de las más importantes concentraciones escolares de Caracas, ubicada en la Esquina Mamey y que desde entonces se llama Escuela Francisco Pimentel.
EL Humorismo de Job Pim
Muchos de sus chistes y anécdotas, que improvisaba con espontaneidad asombrosa, fueron recogidos por varios escritores. Entre otros:
“Ingresó en cárcel de La Rotunda un sujeto del interior de la República, el cual tenia todas las trazas de ser un general. Alguien dijo: -Como que es un general el preso. Replicó el alcaide con voz fañosa: -Aquí no hay más general que Gómez. -Y el hambre, que también es general, respondió el humorista.