lunes, 8 de diciembre de 2008

Día de la Inmaculada Concepción

ONOMÁSTICA EL NOMBRE DEL DIA
INMACULADA CONCEPCIÓN - CONCHA - CONCHITA - PURA

El dogma de la Inmaculada Concepción es un artículo de fe del Catolicismo que sostiene la creencia en que María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de la creación de su alma, estuvo libre de todo pecado. No debe confundirse esta doctrina con la de la maternidad virginal de María, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón y que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.
Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Jesús y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado y, aún más, libre de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres y mujeres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, que es también Dios.
La doctrina reafirma con la expresión "llena eres de gracia" (Gratia Plena) contenida en el Saludo del Ángel (Lc. 1,28) y en la oración del Ave María este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.
La Inmaculada Concepción de María Madre de Dios es lo que se celebra el día 8 de Diciembre.
Asunto sumamente serio, que ha movido pasiones, y no es para menos. Las Inmaculadas, Immas, Conchas, Conchitas y Puras tienen un nombre de armas tomar.
Casi un milenio le costó a la cristiandad proclamar que la Madre de Dios había sido concebida sin heredar el pecado original, que ella no recibió la herencia genética del pecado. Si se rompía aunque fuese por una sola vez la ley genética inexorable de la transmisión de las culpas de padres a hijos, se abría una puerta de salvación para toda la humanidad. Lo importante era romper la norma.
Había mar de fondo. La tormenta venía de lejos. En los primeros siglos de implantación del cristianismo, se formó "la de Dios es Cristo" discutiendo si Cristo era o no era Dios. Un tema que levantó pasiones, polarizó intereses y costó mucha sangre. Era inevitable que una vez admitido que Cristo, el prototipo del hombre cristiano, se había librado de la servidumbre que impone la condición de hombre, se plantease la misma cuestión para el prototipo de la mujer cristiana, María Madre de Dios.
La disputa por la naturaleza de la Madre de Dios fue menos virulenta, posiblemente porque fue más larga. Representaba para muchos una dificultad insalvable reconocer la divinidad de Cristo, al que sin embargo se le invocaba igual que a Dios, "Nuestro Señor". Y costaba admitir que invocar a María Madre de Dios como "Nuestra Señora", era reconocer que estaba por encima de la naturaleza humana precisamente en aquello que la hace humana: en el pecado transmitido por herencia y que justificaba y explicaba todos los males de la humanidad, de paso que delimitaba la frontera con la divinidad. Si la sustancia de la humanidad es la culpa, y la esclavitud su consecuencia, la ausencia de culpa es la esencia de la divinidad.
En España se forjó el saludo "Ava María Purísima" "Sin pecado concebida". Finalmente, después de tantos siglos de dilaciones, se produjo el consenso en toda la Iglesia católica y el 8 de diciembre de 1.804, el papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María, con lo que la gran figura femenina del cristianismo quedaba elevada de hecho a la dignidad de Diosa-madre.