martes, 14 de julio de 2009

¿Y LA GORDA QUÉ?

¿Y la Gorda, qué…?
Orlando Viera
Son más de 100 días de gestión que no avizoran buenos augurios, que no emplazan ciudadanía El Hatillo es uno de los Municipios que más ha sufrido la inclemencia de la insensatez, la sinvergüenzura y la ineficiencia del poder local.
Calca dramáticamente el resultado de años de irresponsabilidad, resumidos en dos factores lapidarios: ECOCIDIO E INSEGURIDAD.
Ahora hay nuevas autoridades (¿realmente nuevas?), con más de 100 días en el poder.
¿Qué ha pasado? Un cambio trepidante: ¡La policía hatillana exhibe un nuevo LOOK! Nuevos avatares que ven correr SECUESTROS EXPRESS y asaltos (a hogares incluso) a granel; calles llenas de cráteres, tráficos indómitos y ornamentos que se caen a pedazos.
Repetidas veces hemos denunciado el crimen ambiental cometido en el Hatillo.
Un municipio que centraliza el 28% del crecimiento inmobiliario del país en menos del 0.2 % del territorio nacional. Tal hacinamiento no fue por casualidad.
Un afán urbanista con tufo a “licencia”; convirtió una de las mayores reservas bucólicas de la ciudad, en montañas de cemento. Sería un ejercicio de inopia intelectual, pensar que este zarpazo descansa en una sola autoridad.
Aquí el Cabildo en pleno tiene parte… Quiénes somos víctimas de los desastres del Hatillo, demandamos a las “nuevas autoridades”, seguridad y defensa de sus zonas verdes.
Con relación a lo primero, el tema no se agota en un cambio de indumentaria. Aunque alentador en lo estético, el canje de apariencia de la policía, nos recuerda la tesis del “CAMBIO DE SOFÁ”. Ni la infidelidad en el hogar, ni la infalibilidad ciudadana, se superan eliminando fachadas& Con respecto a la transparencia urbanística, es imperativo denunciar lo sucedido e investigar los permisos concedidos.
Sin precedentes sancionatorios, la complicidad apesta.
Otro problema grave, es la vialidad. Rutas desmoronadas, riesgos de deslizamiento e inundación, son parte del drama. No se aprecia repavimentación de vías ni limpieza de desechos. Sumemos problemas de alumbrado e iluminación de áreas. El caos en materia de tránsito automotor, es un martirio. Superar la redoma de El Hatillo, entrar o salir de La Lagunita, la Guarita o el Cigarral, es heroico. No hay caminarías ni rutas para corredores o ciclistas. Qué decir del abandono de instalaciones deportivas, parques; de la labranza y la reserva ornitológica de La Lagunita. Ni el mismo casco histórico del pueblo se salva, convertido en un acopio de suciedad, bullicio y desorden.
Son más de 100 días de gestión que no avizoran buenos augurios, que no emplazan ciudadanía. Tres meses de más inseguridad, suciedad y fealdad; de silencio sin rendición de cuenta.
Cuentas nos comentan, las dejaron en la lona, con “una moto, un lápiz y una patrulla sin llantas”.
A todas estas: ¿Y la “Gorda”, qué?