jueves, 26 de enero de 2012

En el escenario del siglo 21, vivir se convierte en una experiencia peligrosa

El peligro de vivir
por Raúl Bracho


En el escenario del siglo 21, vivir se convierte en una experiencia peligrosa, cada ser humano se convierte en enemigo potencial del otro. La muerte de la prosperidad y el predominio de la escasez y la falta de oportunidades, potencian una sociedad de alacranes en los que los valores sociales son pisoteados por la antigua ley de la supervivencia.

La familia, como secuela burguesa de la contradicción al humanismo elemental, además, genera una formación distorsionada que produce humanos fracturados y debilitados en sus propias potencialidades. La construcción del amor propio o de la confianza en el otro es torpedeada por un sistema que nos demanda competir por el afecto de los familiares, por el reconocimiento de los compañeros, por el lugar productivo dentro de la sociedad.


El sistema capitalista impone sus reglas, si quieres un lugar que te produzca un salario para una vida de subsistencia, debes defender los valores del sistema y aborrecer a quienes lo critican, para mantener y asegurar tu posición privilegiada debes ser enemigo de todas y todos los excluidos. Es una vulgar venta de la dignidad a cambio de los disvalores de la sociedad de consumo.


Salir a la calle, salir afuera es enfrentarnos a una cotidianidad que flota sobre un mar de falsedades. Los humanos vivimos atrapados en nuestro submundo, la sociedad que construimos está distante de la misma naturaleza y universo que nos creo y dio la oportunidad de coexistir en este planeta, la humanidad alienada por el consumismo capitalista solo piensa en si misma, esta desligada de su obligatorio nexo umbilical con el ambiente, el planeta, el universo donde orbitamos y al que negamos en la mayoría de los actos que dibujan desprecio y destrucción.


La revolución, magno concepto que preserva la fuerza del amor a la vida, nace en los corazones de una inmensa población, se manifiesta cada vez con más peso en la historia que escribimos en nuestro siglo 21.


Los cambios nacen, hay pueblos que marchan hacia la sociedad socialista bajo la amenaza imperial y con la carga de la contaminación de la anterior sociedad que les dio origen, pero la resistencia al cambio predomina mientras avanzan las amenazas de un planeta oscurecido por hongos atómicos, herido por la explotación irracional de sus recursos naturales y desangrado por terribles diferencias por la sociedad de clases sociales.


¿Cómo llegamos a una sociedad manejada por la escasez cuando hemos explotado tanta riqueza? Tiene que acabar esta sociedad de líderes poderosos que dominan a una masa débil que se limita a obedecer sumisamente.
La sociedad debe asumir la salvación de su propia posibilidad de existencia. Desde su vientre se deben “generar” liderazgos capaces de reorganizarnos en un plan perfecto para la conservación de la especie, la protección de los individuos y la salvación de la humanidad. Debe crecer y asumir poder de lucha la clase excluida de los países del primer mundo, encontrarse en el mapa con los pueblos siempre explotados y llamados del tercer mundo.(nunca supe quienes son el segundo mundo).
En este escenario donde lo que importa es mantener los privilegios y someter la voluntad de los dominados, la amenaza y el castigo asumen la forma de educar. Los padres y gobernantes son viles propagadores del miedo antes que asumir la función natural de ser maestros y guías del amor entre todas y todos los que pertenecemos a esta especie tan brillante e incapaz de crear soluciones que armonicen con su origen natural.