martes, 27 de enero de 2009

Sexo sin tabú: Ellas cuentan cómo fue su primera vez

Sexo sin tabú: Ellas cuentan cómo fue su primera vez
Por Vanessa Davies
La primera penetración puede o no doler. Puede quedar o no una mancha de sangre en la cama o el carro. Pero seguro es inolvidable.

Liliana (28 años de edad):
Mi primera vez ocurrió una noche de julio de 2005, en un hotel de La Guaira, en Macuto, con un hombre que yo todavía considero único y maravilloso. No fue traumática ni dolorosa.
Nunca sangré. Él sabía que yo era virgen, y en todo momento trató de hacerme sentir bien.
No fue brusco, fue muy suave y me estimuló muchísimo.
Fue el principio para explorar y saber lo que me gusta, y una de las cosas que aprendí es que no siento orgasmo necesariamente con la penetración; me gusta frotarme.
También recuerdo que sentía mucho miedo, tenía y sigo teniendo muchos complejos porque soy gordita, no estaba segura de que le pareciera atractiva y sensual. Por todas estas razones considero que mi primera vez no fue tan placentera, pero igual no fue traumática, y para mí, resultó muy linda. Él siempre me demostró que me deseaba muchísimo y eso hizo que poco a poco me soltara.
Cruz Elena (48 años de edad):
Yo acababa de cumplir 18 años. Mi novio era mucho mayor que yo (39 años) y habíamos tenido caricias y besos muchas veces, pero sin penetración. Estábamos enamorados.
Ese día fuimos a un hotel de la carretera Panamericana, dijimos que no pasaría nada que yo no quisiera, “solo para estar solos y tranquilos”.
Nos besamos, nos desvestimos. Yo estaba tranquila, excitada y muy mojada, por lo cual no fue ni doloroso ni desagradable. Todo lo contrario, lo disfruté, aunque no llegué a tener un orgasmo. En esa primera relación yo estuve arriba todo el tiempo por lo cual controlaba todo, no podía lastimarme ni dolerme.
No sangré en la cama en lo absoluto; sólo un poquito luego, al limpiarme en el baño.
Disfruté tener sexo ese día; fue tal como lo esperaba. Me sentí satisfecha y sin remordimiento alguno. La relación duró tres años, y siempre bromeábamos con esa primera vez: él decía que yo mentí, que no era mi primera vez, porque no sangré y por mi actitud tan tranquila y porque estaba disfrutando.
Helianta (28 años de edad):
27 de junio de 2004. La Guaira…
Ese fue el sitio escogido por la persona con quien decidí tener mi primer encuentro sexual. Él y yo nos conocimos en enero de 2003, en pleno paro petrolero. Comenzamos a salir y a las pocas salidas ya quería llevarme a un hotel… yo acababa de salir de una relación un poco difícil con una persona a quien sí quería, pero por los prejuicios familiares pensaba que debía esperar para llegar virgen al matrimonio…
Decidí darme una oportunidad y, finalmente, lo hicimos.
No sangré, pero el dolor de la penetración fue horrible… Luego de un tibio beso, mirándome a los ojos, me dijo: “Sí eras virgen”.
Nadie lo creía, porque como supuestamente soy atractiva, era imposible que fuese virgen a los 24 años.
Tres breves encuentros posteriores con él estuvieron marcados por el “muévete, haz esto, aquello, bésame aquí o allá…” sin preguntarme si yo estaba disfrutándolo… la verdad, no es buen recuerdo…
Después de él tuve breves encuentros sexuales con otras personas, hasta que conocí a un hombre con el que aprendí lo que era hacer el amor…. con él fue mi verdadera primera vez, a los 27 años…

Oriana (32 años de edad):
Perdí mi virginidad un poco mayorcita, tomando en consideración la tendencia de mi época.
Lo cierto es que el hombre con el que decidí perderla (nosotras siempre decidimos cuándo y cómo perderla, por cierto) era tan o más tímido que yo.
Mi primera vez aconteció finalmente de noche, entre las paredes de mi oficina. Para algunos puede parecer un espacio nada romántico… sin embargo, aunque fue bastante incómodo, la adrenalina que produjo el hecho de estar en la oficina, la posibilidad de ser descubiertos por la gente de seguridad de la institución, puso el acontecimiento muy divertido y emocionante…
Recuerdo todas esas sensaciones que me hacen agradecer el bello momento que viví; recuerdo su olor, su sudor, mi sudor, la sensación de fusión de los cuerpos, cómo ambos disfrutamos de estar por fin juntos, en un ambiente que no nos era para nada ajeno.
Una semana después “nos sacamos ese clavo” y disfrutamos una noche realmente romántica. Lo que faltó aquella primera vez, lo completamos la segunda vez.