domingo, 6 de diciembre de 2009

En El Hatillo se calientan las primeras hallacas de la Navidad

En El Hatillo se calientan las primeras hallacas de la Navidad
los clientes sus facultades culinarias en una feria
Maye Albornoz
Ayer el día estuvo ajetreado para las familias de la "cuadra de las hallacas". Cada grupo se blindó con al menos 100 hallacas y 150 bollos para ofrecer a los asistentes
La señora Lola, de la familia Torres, rellenó desde el jueves el pernil que servirá en la feria
Ayer el día estuvo ajetreado para las familias de la "cuadra de las hallacas". Cada grupo se blindó con al menos 100 hallacas y 150 bollos para ofrecer a los asistentes
Si usted no se ha comido su primera hallaca de esta temporada, vale la pena que se acerque a la calle 2 de Mayo, en El Hatillo. Una vez en el pueblo, cualquiera le puede indicar cómo conseguir la "cuadra de la hallaca", el lugar que reúne la sazón de cinco familias dedicadas al negocio desde hace casi 50 años.
Hay para escoger, cada grupo, desde su propia casa, ofrece el plato navideño con sus toques personales, que han pasado de generación en generación.
Queda del cliente decidir si se las comen en una casa o la otra, pero ni a los mismos dueños les preocupa eso: "Aquí la palabra competencia no existe, somos muy unidos", asegura la señora Lola, de la casa 2.
Kenna Coronado lo sabe bien.
El año pasado perdió a su mamá en pleno diciembre.
Pero el negocio de la pionera hatillana de las hallacas, Socorro de Coronado, quedó en pie gracias al apoyo de sus vecinos, también vendedores. "Se ocuparon de nuestros pedidos y luego me entregaron cada centavo", cuenta Kenna, quien ahora lleva el negocio junto a sus hermanos.
Angelina León es la historia viva.
Con sus 81 años confirma que sí, ella, la difunta Socorro y Carmen de Purroy iniciaron el negocio cuando sus casas aún eran de bahareque. "Yo empecé a escondidas, porque mi esposo no quería que yo descuidara a ninguno de mis ocho muchachos, pero mantenerlos solo con su dinero era muy difícil. Él era camionero". Pero a la larga, sus conocimientos de mecánica le sirvieron para ayudarla: le instaló un motor de lavadora al molino manual y así nació el eléctrico, que ahora usan todos. En la casa León guardan la pieza como a una reliquia y en broma la llaman "el abuelo".
En la casa Coronado también innovaron. Para cocinar el producto final utilizan vaporeras en lugar de calderos con agua hirviendo. El resultado son hallacas tan bonitas como de utilería, pero con el sabor tradicional: "La gente se asombra, porque las hojas quedan hasta más verdecitas", cuenta Kenna.
De la cocina de los Torres, son pocos los secretos que se escapan. Lola, quien lleva la batuta, cuenta que su guiso se diferencia de los demás porque está hecho con muy poca agua, lo que permite que se absorban mejor los aliños. Ella atribuye sus atributos en la cocina a que se crió en una hacienda: "Conozco bien todos los cortes de carne y cuándo están buenos y cuándo no".
Aunque es andina, sus hallacas son preparadas al estilo caraqueño, igual que las del resto de la cuadra: los guisos de las distintas carnes, pasas, aceitunas, pimentón y alcaparras. La masa de maíz pilado con papelón y caldo de gallina y, en algunos casos, una tirita de tocineta para adornar.
Un problema en la rodilla le impedirá a Carmen de Purroy, la tercera de las fundadoras, trabajar esta temporada, pero el resto de la familia, ya entrenada en el oficio, esperará a los clientes como el primer día, cuando las colas llegaban a la iglesia, como cuenta ella misma.
Nueva feria, gusto de siempre
Por primera vez el Instituto de Turismo del municipio organizó una feria de la hallaca para aprovechar la tradición que sus calles albergan. La presidenta del Instituto, Aibel Gómez, contó que estaban invitados todos los caraqueños a la actividad donde además de venta de comidas, habrá entretenimiento para toda la familia.
Las cinco familias de "la cuadra" concursarán por el primer lugar con sus recetas y el jurado estará integrado por personalidades de El Hatillo. La calle 2 de Mayo estará parcialmente cerrada desde el mediodía, cuando empieza la fiesta.